Los síntomas de los ataques cerebrales son claros y se presentan repentinamente:
- Súbito adormecimiento o debilidad en la cara, el brazo o la pierna (especialmente en un lado del cuerpo)
- Súbita confusión, dificultad para hablar o entender
- Súbita dificultad para ver con uno o con los dos ojos
- Súbita dificultad para caminar, mareo, pérdida del equilibrio o de la coordinación
- Súbito dolor de cabeza severo, sin causa conocida
Emergencia médica
Un ataque cerebral es una emergencia médica. Cada minuto cuenta cuando alguien está sufriendo un ataque cerebral. Cuanto más tiempo dure la interrupción del flujo sanguíneo hacia el cerebro, mayor es el daño. La atención inmediata puede salvar la vida de la persona y aumentar sus posibilidades de una recuperación exitosa. Si crees que alguien está teniendo un ataque cerebral, si él o ella pierde súbitamente la habilidad para hablar, o para mover el brazo o la pierna de un lado del cuerpo, o experimenta parálisis en un lado de la cara, acude de inmediato al servicio de urgencias.
El tipo más común de ataque cerebral puede ser tratado con un medicamento que disuelve los coágulos que obstruyen el flujo de sangre hacia el cerebro. El plazo máximo para que a los pacientes con accidentes vascularescerebrales (ACV) se les inicie tratamiento es de tres horas. Pero para que puedan ser evaluados y sometidos a tratamiento, los pacientes deben llegar al hospital lo más pronto posible.
Si observas cualquiera de estos síntomas, acuda a la unidad de urgencias.
Las personas hipertensas, diabéticas, obesas, sedentarias, adictas al tabaco, al alcohol, con niveles elevados de colesterol y triglicéridos, y adultos mayores, son grupos de alto riesgo con posibilidad de sufrir un ataque cerebral (infarto o hemorragia), debido a la Enfermedad Vascular Cerebral (EVC), que es la tercera causa de muerte en México y cuyo índice es tres veces mayor en México que en otros países.
Puede ocurrir a cualquier edad, inclusive en un recién nacido por algún defecto congénito. Sin embargo, la probabilidad de padecerla aumenta con la edad, ya que más del 80% de los casos ocurren después de los 65 años, principalmente en hombres.
Los expertos señalan que desgraciadamente es una enfermedad silenciosa y cuando se manifiesta ya produjo una hemorragia o un infarto cerebral, lo cual incrementa su mortalidad hasta en 60% en las primeras horas de acontecida.
Su único síntoma, es un intenso e insoportable dolor de cabeza que se acompaña con náuseas y vómitos, y en ocasiones hay pérdida del estado de alerta pero desafortunadamente son manifestaciones tardías. Las enfermedades crónico-degenerativas producen trastornos en la circulación y alteraciones en las estructuras de los vasos sanguíneos.
Para prevenir la EVC se recomienda verificar periódicamente la presión arterial y los niveles de glucosa, incluso entre los jóvenes, sobre todo si tienen antecedentes familiares de este padecimiento. Deben evitarse adicciones como tabaquismo, alcoholismo, disminuir el consumo de grasas de origen animal y las comidas “chatarra”, además de realizar ejercicio y mantenerse en el peso adecuado; todo ello para reducir el riesgo de deficiencias en el sistema circulatorio que pueden llegar a dañar el cerebro.
Dependiendo de la localización del evento vascular cerebral se determinará el daño, sin embargo el 80% de los que sobreviven quedan con diversos grados de invalidez o déficit neurológico, como son alteraciones en el habla, debilidad muscular o parálisis de una parte del cuerpo, pérdida visual y sensitiva, y crisis convulsivas, entre otras. En el 20% restante se logra revertir el daño neurológico.
El 30% de los que han sufrido un EVC registran otro en el primer año, y hasta el 60% en un término de cinco años.

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